Caracas, Venezuela — Reportes ciudadanos y de medios internacionales señalan detonaciones y disparos en las inmediaciones del Palacio de Miraflores la noche del 5 de enero de 2026, en un contexto de máxima tensión política y militar marcado por la ausencia de una versión oficial y por advertencias desde Washington sobre un posible “second strike” contra Venezuela.
Durante la franja comprendida entre las 20:00 y las 22:00, residentes del centro de Caracas y usuarios en redes sociales difundieron videos y testimonios que describen ráfagas de disparos, fogonazos y sonidos de explosiones en áreas cercanas a la sede del poder Ejecutivo. En los registros se mencionan también cortes parciales de energía y el despliegue inmediato de cuerpos de seguridad.
Los reportes coinciden en que unidades de la Policía Nacional Bolivariana y de la Guardia de Honor acordonaron el perímetro del Palacio de Miraflores poco después de los primeros estallidos. Vecinos relataron movimientos inusuales de tropas y restricciones al tránsito en varias calles del entorno, sin que hasta ahora exista un balance oficial que confirme víctimas, daños estructurales o responsables.
Otro elemento que se repite en distintas publicaciones es el presunto sobrevuelo de drones no identificados minutos antes de las detonaciones. Aunque no hay confirmación institucional sobre ese punto, los testimonios describen luces en el cielo y sonidos compatibles con aeronaves de pequeño tamaño operando a baja altura sobre el centro de la capital.
Hasta el cierre de esta información, ni el gobierno venezolano ni la Fuerza Armada Nacional Bolivariana han emitido un comunicado que explique qué ocurrió en las inmediaciones de Miraflores la noche del lunes. La falta de una versión oficial mantiene abiertas múltiples hipótesis y refuerza la sensación de incertidumbre en una ciudad que ya venía marcada por jornadas de tensión.
Disparos en Caracas en medio de una escalada internacional
Los hechos del 5 de enero se producen en un momento de fuerte presión externa sobre Venezuela, tras la operación militar estadounidense del 3 de enero en Caracas, en la que fue capturado Nicolás Maduro. Ese episodio, ampliamente cubierto por agencias internacionales, cambió de manera abrupta el tablero político regional y colocó al país en el centro de una crisis con implicaciones más allá de sus fronteras.
Desde entonces, gobiernos y organismos internacionales han seguido con atención cada señal que proviene de Caracas, mientras sectores económicos, especialmente los vinculados a la energía, observan con cautela los efectos de la inestabilidad sobre la producción petrolera y los flujos comerciales.
En ese escenario, las detonaciones reportadas cerca del Palacio de Miraflores no se leen solo como un incidente de orden público, sino como un nuevo factor de riesgo en un entorno ya altamente volátil. Analistas consultados por medios internacionales advierten que cualquier alteración de la seguridad en la capital tiene impacto inmediato en la percepción de gobernabilidad y en la reacción de actores externos.
A la par de los hechos en Caracas, las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump añadieron presión al panorama. El mandatario fue citado por la agencia Reuters el 4 de enero afirmando que un segundo ataque contra Venezuela no estaba descartado si el gobierno interino no cooperaba con los lineamientos planteados por Washington.
“ If they don’t behave, we will do a second strike ”, dijo Trump a periodistas, según el reporte de Reuters, al ser consultado sobre los pasos siguientes tras la operación que llevó a la captura de Maduro. En la misma conversación agregó que Estados Unidos estaba preparado para actuar de nuevo si lo consideraba necesario.
Las frases fueron interpretadas por analistas políticos como una señal de que la Casa Blanca mantiene abierta la opción militar en su relación con Caracas. Para varios observadores, ese mensaje no solo busca presionar a las autoridades venezolanas, sino también enviar una advertencia a otros gobiernos de la región sobre la determinación de Washington en este frente.
El impacto regional de las advertencias de Washington
Las palabras de Trump se difundieron rápidamente en América Latina y generaron reacciones en distintos círculos diplomáticos. Aunque no hubo pronunciamientos oficiales inmediatos de bloques regionales, fuentes cercanas a organismos multilaterales señalaron a medios internacionales que existe preocupación por la posibilidad de una nueva escalada que afecte la estabilidad del Caribe y del norte de Suramérica.
En términos económicos, la sola mención de un “second strike” vuelve a poner sobre la mesa el tema de la seguridad energética. Venezuela sigue siendo un actor relevante en el mercado petrolero, y cualquier escenario de confrontación abierta podría impactar precios, contratos y cadenas de suministro en un momento en que varios países buscan estabilizar sus economías.
Dentro de Caracas, el clima posterior a los hechos del 5 de enero es de expectativa y cautela. Comerciantes de zonas cercanas al centro reportaron menor afluencia de público al día siguiente, mientras familias consultadas por medios locales expresaron temor ante la posibilidad de nuevos episodios de violencia en áreas neurálgicas de la ciudad.
La incertidumbre también se refleja en el ámbito político interno. La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada y la comparecencia de Maduro en Nueva York, donde se declaró no culpable de los cargos en su contra, forman parte del telón de fondo, pero no definen el eje de una historia que hoy gira alrededor de la seguridad y del pulso internacional en torno a Venezuela.
Por ahora, los hechos de la noche del 5 de enero permanecen sin una explicación clara. Lo que sí resulta evidente es que cada detonación, cada declaración y cada movimiento militar se lee en clave internacional, en un momento en que el país se encuentra bajo una lupa global y con márgenes de maniobra cada vez más estrechos.
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