Reina y viudas lloran a Joselito en Carnaval 2026

Reina y viudas lloran a Joselito en Carnaval 2026
Miércoles, Febrero 18, 2026 - 03:00

Reina y viudas lloran a Joselito en Carnaval 2026

El Martes de Carnaval en Barranquilla estuvo marcado por rumores y acusaciones que llevaron a Michelle a aparecer vestida de reclusa por la desaparición de Joselito. En la tarde, el pueblo la reivindicó entre viudas y ovaciones que cerraron la fiesta.
Michelle inclinada llora sobre Joselito durante desfile en Calle 84 Carnaval de Barranquilla 2026.

Barranquilla - El Martes de Carnaval amaneció con drama y espectáculo. Rumores, acusaciones y una reina vestida de reclusa encendieron la escena por la desaparición de Joselito.

La confirmación explotó en la tarde: el libreto carnavalero anunció la “muerte” de Joselito por exceso festivo y la ciudad cambió de tono. El duelo dejó de ser rumor y se convirtió en espectáculo abierto que marcó el cierre del Carnaval.

La Calle 84 encendió el Martes de Carnaval con su propio desfile. No fue un cortejo silencioso: fue la fiesta acompañando a Joselito en su despedida. Cumbiambas, congos y garabatos avanzaban al ritmo de tambores y millos, mezclando coreografías tradicionales con el luto paródico del rumbero caído. Entre pasos marcados y vueltas de falda, el féretro simbólico se abría paso mientras las viudas lloraban y el público respondía con palmas y gritos. Michelle Char participó en este tramo con el vestido “El luto es venganza”, moviéndose en la parte media del recorrido con el mismo tono histriónico que mantuvo durante toda la jornada, interactuando con el público y exagerando el duelo en clave festiva.

Horas después, el recorrido que partió desde el Parque Los Fundadores avanzó hacia el barrio Abajo, donde se concentró el tramo final del cierre. En este segundo escenario el dramatismo mantuvo la misma intensidad escénica: ataúdes completos y a medio cerrar, representaciones del cuerpo del rumbero y grupos llorándolo en cada cuadra marcaron el ambiente.

Las viudas se multiplicaron en ambos desfiles, pero también lo hicieron las acusaciones simbólicas. No eran lamentos tímidos: eran reclamos en voz alta, señalamientos con dedo extendido y dramatizaciones que competían por robarse la escena. Supuestas amantes de Joselito gritaban que la reina tenía que responder, otras fingían desmayos reclamando herencia, mientras un grupo de “viudas” improvisaba escenas de celos y traición alrededor del féretro. El duelo parecía una novela callejera representada a cielo abierto. El ambiente oscilaba entre la parodia, el chisme amplificado y un juicio popular que se alimentaba del espectáculo.

En ambos tramos, tanto en la Calle 84 como en el recorrido hacia el barrio Abajo, se leían carteles que avivaban el relato: “Michelle es inocente”, “Michelle no lo mató” y “Resucita Joselito, queremos más Carnaval de Michelle”. Mientras unos la acusaban dentro del libreto festivo, otros la defendían con la misma intensidad. La calle se convirtió en tribunal simbólico, alimentado por los chismes de las supuestas amantes de Joselito que la señalaban entre risas y dramatismo. La escena parecía confirmar lo que cantó el Joe: “Si me meten preso, Barranquilla me saca”. La reina, vestida de reclusa en la mañana, empezaba a ser reivindicada por el mismo pueblo que escuchaba esas versiones cruzadas.

Lejos de esquivar el juego, Michelle lo asumió de frente. Con la misma energía en ambos escenarios, avanzó de lado a lado, buscó el contacto con los asistentes y se dejó caer sobre el público fingiendo un llanto desbordado. Cuando se inclinaba sobre las vallas, la gente la sostenía, le gritaba que era inocente y levantaba carteles para respaldarla. Ella respondía señalándose el pecho, extendiendo los brazos y mirando al cielo como si defendiera su honor en plena calle. Entre carcajadas y dramatismo calculado proclamaba su inocencia, asegurando que no lo había matado. Cada gesto parecía una réplica directa a la acusación colectiva y cada aplauso funcionaba como absolución anticipada.

El Rey Momo, Adolfo Maury, vestido de viuda de Joselito, reforzaba ese contraste con una actuación cargada de picardía. Con abanico en mano, pasos exagerados y lamentos sobreactuados, recorría el desfile interrumpiendo a la reina para acusarla en broma y luego abrazarla como si la defendiera. Se arrodillaba frente al ataúd, miraba al público con gesto dramático y luego rompía la escena con una mueca que desataba risas. La reina infantil y el Rey Momo infantil, Joshua, replicaron ese tono en versión juvenil, sumándose al juego de acusaciones y defensas que convirtió el cierre en un verdadero teatro urbano.

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En las afueras la habían ovacionado. Entre aplausos y celulares en alto, el coro creció hasta hacerse unánime: “¡Se sobró Michelle, se sobró!”. La acusada simbólica salía convertida en reina reivindicada por su pueblo.

Cuando cruzó la puerta de la Casa del Carnaval, el telón cayó sin música. Ya no era la señalada ni la absuelta: era una reina despidiéndose. “Lo que más tristeza me da”, le dijo al director de RedPrensa, “no es que Joselito haya muerto… es que mi reinado termina”.

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